martes 24 de noviembre de 2009

María


Recuerdo el rostro verdeplomizo de las mujeres emparedadas en las calles, como fetos descompuestos y húmedos, insaciables. La imagen que grabé en mi memoria de serpientes deslizándose entre sus piernas abiertas e inmaculadas indicaba la naturaleza, el oficio de aquellas desdichadas desprotegidas por la divinidad ante la que se hincaban cada noche antes de proseguir con su holocausto, sin sospechar que ellas mismas eran las ofrendas.

La más hermosa, la más marchita y cruel de todas, llevaba una tiara de gemas rojas que sujetaba los rizos caoba que bien pudieron haber sido dorados en una infancia lejana. ¿Nació así, alegoría de bacante infecunda a fuerza de transferir su vientre a la tierra y ofrecer su cuerpo a los dioses ilegítimos e inexistentes? Nunca fue niña, es seguro. Fue bella, fue mujer; no hubo tiempo para el juego de la castidad ni del pueril temor al castigo.

Quise sentir el frío de sus cabellos ingrávidos y empapados. Los falsos rubíes se deshicieron en mis dedos, emanando un perfume siniestro, metálico y cáustico. Pensé en fresas, agridulces y rojas como los gentiles labios de Mariam, del misterio de la profanación carnal y el milagro de la blanca concepción. Bastarda; tu sangre es el precio de tu desliz, del frenesí de los dioses que incubaron en ti a sus primogénitos, vástagos y abortos. No hay llanto pues no hay placer ni remordimiento; no hay compasión ni condena. Sangre. Sangre proveniente de las encías gastadas, del interior de las piernas abiertas y rotas, del pecho que nunca alimentó a los hijos negados y asesinados, de las aparentes gemas escarlatas.

La miré con detenimiento. Le pregunté qué eran esas fresas sanguinolentas que colgaban de la tiara, de su corona de virgen y prostituta;
- Son los setenta y dos que nunca parí.

Del fondo de la tierra surgieron lamentos infantiles, sucios, grotescos.

lunes 23 de noviembre de 2009

Lacrimas Produndere




Luego de andar taradeándome un poco con Broken Social Scene y Mew, pasando por Oasis y escuchando un par de The Killers, me doy cuenta de que nunca va haber nada más agradable que oír después de un buen tiempo a Lacrimas Profundere, y la asquerosamente hipnótica (supongo que se hipnotiza mediante sonidos también) voz de barítono de Christoper Schmid. Probablemente barítono haga alusión a la ópera, pero no hay nada clásico en la banda a excepción de sus primeros discos, completamente distintos a los posteriores.

Creo que ya nunca será lo mismo. Tal vez estoy resentida porque Schmid dejó la música para dedicarse a su carrera de empresario o alguna porquería relacionada con negocios. Su reemplazo, Vitacca, no es lo suficientemente bueno, y la banda ha pasado a producir música mucho más orientada hacia el consumo de masas, dejando de lado los elementos poéticos e incluso el predominio de voces guturales. Se puede argumentar que muchos de estos cambios fueron efectuándose paulatinamente; sin embargo, la esencia seguía manteniéndose inalterable. Con la llegada de Vitacca y la salida de un par de miembros más, todo se convirtió en una mercancía pseudo-gótica-emo que nada tiene que ver con lo que era la banda originalmente (en lo que concuerdo con San Guinario).

Recuerdo haberle prestado un par de cds míos a Palacios. Al principio le gustaban, igual que a Gean Piers, pero supongo que ahora ya no tanto. Jorge Paskvan, que va a morir, cree que es lo máximo y un día después de que le presté Burning: a Wish, se la pasó cantando Without durante toda la clase de matemática. Creo que al final me uní y Franklin nos mandó a callar. No importa, estoy considerando seriamente prestarle Ave End; tal vez me aprueba.

Al final, supongo que es mi banda favorita y seguirá siéndolo por un buen tiempo más. Lo mejor sería seguir escuchando algo tipo Estatic Fear, In eternum, Draconian, Therion, o cualquier otra banda latinesca, pero me siento algo atraída por las letras de Broken Social Scene y sus melodías desenfadadas, ligeras, desafiantes y realistas, cualidades en las que no suelo percibir belleza comúnmente. 


Ave Schmid

sábado 21 de noviembre de 2009

Personajes olvidados II


El binomio ser-bestia estaba grabado en su frente, como la marca de Caín. La voz ligera y excesivamente articulada, enfática tal vez: era algo andrógino, como si hablara una mujer excesivamente decidida o un hombre equilibrado.

Recuerdo su incontrolabre vehemencia, su manifiesta puerilidad, su sarcasmo sincero y natural. Nadie podía decir que era una buena persona; aquel término constituía una degradación de su personalidad y carisma. Su bondad era cruel y ambivalente, cicatriz del miedo a crecer al ritmo de los demás. Tal vez el único inconveniente que hubo durante todo ese lapso fue mi incapacidad de establecer una distancia prudente, lo cual se tradujo en un sentimiento de desmesurada importancia que aún percibo con cierta condescendencia.

Al fin y al cabo, supongo que no es tan importante dar vueltas al asunto: es simplemente innecesario. Las atribuciones pueden ser recicladas con gran parsimonia y todo tipo de reglas de etiqueta, pero constituiría la misma sensación de aridez, la presencia de una cordialidad demasiado inconsistente. No creo que no haya que equivocarse; me fascina la incoherencia porque es constantemente ultrajada. Queda una canasta de paja llena de buenos recuerdos: lo mejor sería guardarlos como tal, hasta esperar que se apolillen y finalmente, se pierdan.

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miércoles 18 de noviembre de 2009

RIP



REQVIESCAT  IN  PACE

Yimorrison
14/11/09 - 18/11/09


Serás iguana, pero el Rey Lagarto te tendrá en su gloria


Julissa Castillo, "El Diablo"
Diego Palacios
Carla Gervacio
Daniel Collazos, "Ate"

domingo 8 de noviembre de 2009

El Vellocino de oro





¡Míralo!, susurró el niño cojo que quería alcanzar los autos, tal como lo haría un perro. Su madre lo llama para cenar el mismo pescado podrido que comieron ayer y comerán mañana, con la angustia de tener que decidir si le toca a ella o a la hija adolescente acostarse con el dueño del edificio, un sucio alemán de piel amarilla y párpados morados. Había sido nazi, se enamoró de una judía. la violó, la mató, la violó después de muerta y se quedó con su cabello. A Marcela no le interesaba saber los pormenores de tal historia. Cumplía la misma rutina que había adquirido desde que se mudó: lloraba en su habitación, rezaba siete avemarías, cerraba la puerta suavemente para que sus hijos no la escucharan, subía por las escaleras, inhalaba el olor de la miseria, tocaba la puerta de Herr Fleischer, entraba sin ceremonia, se desvestía, se acostaba en la sucia cama del viejo, miraba al techo, miraba al techo, miraba al techo, fingía, lloraba, rezaba para sí misma, se vestía, cerraba la puerta, sentía el olor de la humedad y podredumbre, bajaba las escaleras, abría la puerta y le decía a su hijo Jorge que había ido a la casa de la vecina, maldecía a la Virgen y a su bastarda virginidad, pensaba en suicidarse y luego se dormía.

Cuando Rosa fue creciendo, las deudas hicieron que su madre no tuviera más opción que ofrecerla al joyero del mercado. El hombre tenía cierta debilidad por los niños pequeños, por lo que rechazó a Rosa: era muy grande. El alemán la reclamó para sí, lo que constituyó un gran alivio para Marcela, quien había perdido todo vestigio del llamado instinto maternal durante su estancia en las ciénagas de la miseria. Todos los miércoles tiraban dos dados que regían la suerte de aquella que iría a la habitación de Herr Fleischer, soportaría la historia de la judía asesinada, respiraría la ebriedad del maldito nazi, oiría con gozo cómo él contaba que su padre había abusado de él desde los cuatro años, cómo había perdido dos dedos del pie en la guerra, cómo le hubiera gustado nacer mujer y tener la hermosa cabellera de su madre y cómo las iba a matar a las dos si alguna vez dejaban de venir.

Marcela ya no rezaba ni maldecía a la virgen. Ahora creía en el tarot y la quiromancia y frecuentaba a una adivina que le prometía y juraba que saldría de ese fango y sería feliz. Rosa, por otra parte, pensaba en escapar de la casa, pero la situación de su hermano Jorge no le permitía tomarse tal libertad. El alemán la manoseaba, la hacía permanecer desnuda mientras realizaba las tareas domésticas, le olía los cabellos mientras le transmitía su olor a bebida y a muerte, y ella no podía evitar pensar que su madre manipulaba los dados para ya no ir. Cuando regresó a casa encontró rotas las muletas de su hermano; sintió un mal presentimiento y fue a buscar a su madre. Marcela estaba ebria: hace mucho que había dejado de ir a ver a la adivina. Preguntó por su hermano. El cantinero le respondió, como quien discute el trago a servir, que el joyero se lo había llevado. Rosa corrió con lágrimas en los ojos, se tropezó muchas veces y en todas ellas se volvió a levantar. Antes de cruzar la pista para llegar al negocio, vio a su hermano esperando en una puerta junto al joyero. Un negro enorme y musculoso le sonreía a Jorge y le acariciaba el cabello. El joyero contaba billetes y sonreía, mirando repugnantemente al niño.

Rosa se dispuso a levantarse; su hermano la miró a los ojos. Aún era un niño, no sabía nada de lo que pasaba. Ella supo que debía salvarlo. Pensó en su madre, en el alemán, en la vez en que este la violó por vez primera, a los nueve años, y retrocedió horrorizada. Jorge pareció comprender: le sonrió y miró al cielo. El aún cree en Dios, pensó ella. Que lo ayude entonces.

Se sintió devastada y horrorizada con su actitud. Quería llorar, pero luego pensó en su libertad, y las lágrimas que brotaron de sus ojos fueron de alegría. Una alegría con cierto pesar, pero alegría al fin y al cabo. Decidió ir a coger cierta cantidad de dinero al alemán y luego huir. Abrió la puerta; al parecer no había nadie. Levantó el colchón, y mientras se disponía a coger los billetes, Herr Fleischer le quitó la ropa a tirones y la empujó a la cama. Durante treinta y cinco minutos miró al cielo tal como lo hizo Marcela tantas veces. No pudo más que sentir empatía: comprendió que su madre no pudo evitar cambiar los dados cuando ella no la veía, entendió que ya había pasado por todo eso y no deseaba sufrir más.

Se fue de la habitación, semidesnuda, determinada a entregarse, a cambio de dinero, al primero que se le cruzara por la calle. Cuando estuvo a punto de abrir la puerta sintió una punzada fuerte en la cabeza, y algo líquido corriendo en ella. Cerró los ojos.

Herr Fleischer le había roto la cabeza con un hacha. La violaría de nuevo después de muerta y luego le quitaría su cabello, tal como hizo con Miriam Herzig, la judía, y con Frau Fleischer, su madre.

viernes 6 de noviembre de 2009

Es


He estado pensando en cuál es mi verdadera relación con los demás. No puedo decir que los odie, eso significaría un compromiso emocional muy fuerte y me agotaría demasiado. Tampoco los desprecio, no soy quién para hacerlo. ¿Lástima? Menos, ellos deben tenerla de mí. ¿Cariño? No, solo le guardo cariño a Luna. ¿Respeto? Tal vez, pero son poquísimas personas. ¿Indiferencia? No lo creo, me importa demasiado formar parte, aunque ellos no lo perciban, en sus inquietudes y esperanzas, fobias y alegrías: en ellos. Penetrar en la ambigüedad de sus pensamientos, la futilidad de sus angustias, el delirio de lo superfluo, todo constituye algo así como una adicción: necesito vivir a través de ellos porque no me contento conmigo misma. Las experiencias, emociones y sensaciones que he acumulado me resultan insuficientes. Es por ello que escuchar constituye en mí más que un acto de filantropía y consideración: escucho por placer, no por deber. Lo que sin embargo me resulta extraño es que paso a forjar un vínculo intangible y prácticamente inexistente con ellos, el cual generalmente se rompe cuando la persona en sí se vuelve predecible o niega o reprime cualquier clase de sentimiento.

Me interesaría coleccionar cada palabra dicha por ellos: congelar cada vibración producida, cada expresión difuminada. A veces me siento impedida de expresarme, pero no de pensar ni analizar. Supongo que los enfermos sexuales, pederastas, asesinos en serie, drogadictos y fetichistas deben sentir algo parecido: una sensación de culpa, cándida, dulce, embriagadora, posesiva, irreprimible, angustiante, desesperante, mortal. Cuando uno habla y se confiesa, desnuda su alma, aún si todo lo que diga sea una deformación de la realidad. Cada estructura articulada, el timbre de voz, las expresiones, el brillo de los ojos, todo constituye una expresión del interior.

lunes 2 de noviembre de 2009

Personajes olvidados I




¿Cómo está? No lo sé. Todos llevábamos tiempo ingiriendo indiferencia como quien busca un aborto rápido y sencillo, impoluto, extraoficial. Sé que también odiaba a Tom Delonge y toda su locura provenía de un pragmatismo escueto y satírico en donde los niños muertos eran meros instrumentos de diversión y desidia. Virtuosos a sueldo. Reía con crueldad y despreocupación, señalando distintos medios posibles mediantes los cuales se podía distorcionar una realidad lineal impuesta a los sucios triórbicos. ¿Por qué tres, le pregunté? Es un número impar. Maldición, comprendía e interpretaba ágil, sutil y despiadadamente sus metáforas, pero creo que nunca se dio cuenta. No me importaba en ese entonces ni me importa ahora: lo más profundo que existe es la incomprensión infundada. Cada vez que miraba, se me venían a la mente claras de huevo: multiformes, aguadas, frías, deprimentes e insustanciales. Es raro, pero no imposible ni extraordinario.

Olvidé mencionar que lo más impresionante era su capacidad de abstraer la ya mencionada indiferencia en grados anuméricos. Creo que no era así con el mundo, pero la realidad general poco me importa. Que haya cuestionado cada pequeño proceso de esclavitud es también irrelevante: se esclaviza por cuenta propia, y eso es lo más genial. No está demente, quiere estarlo (aunque es rara la facilidad que tiene para fingir espamos de imbecilidad, lo cual se traduce en una grave aceptación y simpatía que todo el mundo no dudará en admitir que posee).

Creo que Kevin Drew hizo esa metacanción pensando en un rayo de nieve, nieve blanca y apóstata. ¿Guarda parecido con la realidad? Blasfemia. Habrá que aspirarte para poder comprobar que no solo guarda relación con el color sino también con la adicción a lo bizarro. Córtenle la oreja, a ver si así se convierte en artista.

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domingo 1 de noviembre de 2009

Loba. Análisis


A petición del gran Junior, con quien intenté realizar una suerte de apuesta que envolvía a la Ardilla y su fascinación por ver que la gente haga cosas irreverentes, trataré de demostrar "La Loba" de Shakira envuelve, subliminal e indirectamente, un mensaje acerca de la liberación femenina.

No me considero feminista ni fanática de nada que incluya marchas apoteósicas, martirio y lágrimas, pero me pareció curioso que dentro de ese aborto de cabello rubio teñido quedara al menos un vestigio que pudiera hacer pensar que aún no se ha alienado por completo. Inicialmente, Shakira abordaba el tema del amor desde una perspectiva dual: naturalismo-romanticismo, decepción-ilusión, sentimiento-razón, etc. Sus canciones reflejaban la verdadera naturaleza del amor: la incertidumbre. Luego se vendió al mercado estadounidense y el resto es historia conocida.


¿Quién no ha querido a una diosa licántropa /
en el ardor de una noche romántica? /
Mis aullidos son el llamado /
Yo quiero un lobo domesticado /

Veamos. Una diosa se relaciona más con la sexualidad que con las características propias de la deidad. Ser diosa, en la concepción actual, no está personificada en Hera sino en Afrodita. Esto nos lleva a que, dejando el plano sexual en un segundo lugar, la diosa en cuestión tenga a su vez una naturaleza distinta a la del ser humano: es inmortal, insaciable e independiente. Licántropa refuerza esta interpretación puesto que un licántropo lleva en sí tanto la naturaleza animal como la humana. Una vez llegada a la transformación, el hombre se convierte en lobo y (según lo aceptado) pierde todo dominio de sus actos y parte de su conciencia: el instinto pasa a dirigirlo. Esta diosa licántropa sería entonces propietaria de el estado racional por excelencia (divino), el sentimental (hombre) y el instintivo (animal). Se hace una breve mención al coito, tras lo cual se menciona el deseo de poseer a un lobo domesticado. El lobo es un animal salvaje que, sin embargo, busca ser domesticado o domado por la mujer en cuestión. Domesticar está relacionado etimológicamente con dominar (latín domus). El propósito es claro: la mujer busca someter no a un hombre cualquiera, sino a uno que haya hecho alarde de su salvajismo, su masculinidad: el lobo.

Por fin he encontrado un remedio infalible /
que borre de todo la culpa /
No pienso quedarme a tu lado /
Mirando la tele y oyendo disculpas /
La vida me ha dado un hambre voraz /
Y tú solo me das caramelos /
Me voy con mis piernas y mi juventud /
Por ahí aunque te maten los celos /

La culpa y el castigo han sido mecanismos de sometimiento y sumisión de la mujer durante siglos. El deber, la moral, la tradición, lo aceptado: todo busca negarle el derecho a disfrutar de una sexualidad libre y sin ataduras. Es posible deducir que el remedio encontrado reside en una suerte de libertad impulsada por el placer y el descubrimiento de sensaciones que antes yacían escondidas y reprimidas. La mujer hace también un reproche al hombre que no puede ni quiere satisfacer sus deseos naturales ("mirando la tele y oyendo disculpas"), un hombre que la ignora y busca darle distracciones de niña ("caramelos"), para así doblegarla, reafirmar su inseguridad y tomar posesión completa de su ser. Al decidir dejar atrás todo tipo de prejuicios, decide irse "con sus piernas y su juventud". Las piernas están ligadas al erotismo y la sexualidad, mientras que la juventud establece una suerte de legitimidad de goce de todo tipo de placer antes mencionado. No tiene rumbo fijo ("por ahí") y sabe que el hombre aún cree tener grabado en ella una huella de pertenencia puesto que no querrá dejarla marchar ("aunque te maten los celos").

Una loba en el armario /
Tiene ganas de salir /
Deja que se coma al barrio /
Antes de irte a dormir /

La expresión "salir del armario" (proveniente del inglés to get out of the closet, salir del clóset) indica un tipo de afirmación y aceptación pública de algo que se mantenía oculto, en su mayoría relacionado con la homosexualidad. Un armario es un espacio asfixiante, incómodo, oscuro, en donde, metafóricamente, permanece una persona debido al temor del rechazo y la vergüenza. Para la mujer, salir del armario implica dejar atrás todos los prejuicios que la sociedad busca mantener vigentes como instrumentos de control. La sexualidad juega aquí un papel importante, pues es lo primero que busca reprimirse en ella, para luego tratar de neutralizar su carácter y posteriormente todo su ser. Comerse al barrio puede ser interpretado como una frase sugerente ("comer", tener relaciones sexuales) en donde la mujer le comunica al hombre su deseo de liberarse por completo de las ataduras que lo unen a él.

Tengo tacones de aguja magnética /
Para dejar a la manada frenética /
La luna llena como una fruta /
No da consejos ni los escucha /

Los tacones de aguja hacen alusión a la belleza femenina y a la afirmación de su sexualidad, mientras que el magnetismo representa la sensación que causa en los hombres ("manada", lobos, machos típicos) mediante una atracción meramente carnal. Un elemento curioso es la metáfora de la "luna llena como una fruta". La simbología de la fruta tiene mucho que ver con la reproducción y lo fructífero (latín "fructus"). En la tradición del oriente no es raro encontrar manifestaciones del erotismo íntimamente relacionadas con las frutas, tal como en "Las Mil y Una Noches". Las frutas redondas ("luna llena como una fruta") poseen una connotación profundamente sexual, enfatizando la voluptuosidad de la carne y su naturaleza efímera, pronta a corromperse. La luna, al ser comparada con la fruta, es un elemento que "no da consejos ni los escucha": es decir, no juzga ni permite ser juzgada. No hay nada prohibido en ella.

Llevo conmigo un radar especial para localizar solteros /
Si acaso me meto en aprietos /
También llevo el número de los bomberos /
Ni tipos muy lindos ni divos ni niños ricos /
Yo sé lo que quiero /
Pasarla muy bien /

y portarme mal en los brazos de algún caballero /

Cuando la mujer busca "localizar solteros" mediante un "radar especial" está insinuando que solo quiere pasar una noche de diversión. El prototipo de soltero (y lo más identificado con él) es un hombre joven, guapo y galante que no presenta ninguna complicación ni atadura: está solo. El temor a "meterse en aprietos" puede estar relacionado con la presencia de otra mujer celosa que reclame al supuesto "soltero", o a los peligros que puede tener ella (la loba) a solas con él. No obstante, queda aquí demostrado que posee las tres naturalezas: lo ha calculado todo (llamar a los bomberos, quienes literalmente "apagan el fuego" en caso de algún contratiempo), tiene deseos "de salir" y "sabe lo que quiere" (humana) y se deja llevar por sus instintos (quiere "comerse al barrio". El verbo comer representa una falta de saciedad, de mesura). El "pasarla muy bien y portarse mal" indica una contradicción, la cual ha sido establecida por la "inmoralidad" que, supuestamente, representa el goce de la mujer.

Cuando son casi la una /
La loba en celo saluda a la luna /
Duda si andar por la calle /
o entrar a un bar a probar fortuna /
Ya está sentada en su mesa /
Y pone mira en su próxima presa /
Pobre del desprevenido /
Que no se espera una de ésas /

La una de la madrugada pertenece a la oscuridad, al exceso y a la soledad. La loba "en celo" saluda a la luna; es decir, rinde pleitesía al culto lunar, el cual desde la antigüedad ha sido identificado con el poder femenino, la Madre, etc. Esta Luna es aquella que le otorga la transformación a la mujer, la convierte en licántropa y hace que afloren sus instintos animales. Es una cazadora, quien busca deshacerse de las cadenas con las que la sociedad la esclavizó durante tanto tiempo.

Alabanza al pescado


Pequeño pescado edimburgués, ¿ya se te ha reventado el ojo?

Es una gelatina acuosa y blanquecina la que cuelga de tus pupilas, animalito imbécil. Mi madre te aborrece y yo preferiría devorar a tus primos bastardos, los mariscos. ¿No te molesta que te descuarticen, riéndose de ti, te cubran con jugo de limón y algún malnacido ají que, después de todo, ejecutará su venganza en la boca de los comensales?

Pero tú sólo te vengas con espinas. No sé si lo sabes, pero la tía de Luisito Núñez intentó comerse a un paiche y se le rasgó la garganta. La malnacida casi se desangra y ahora vive como un fenómeno, con su tubito en la garganta al que ella llama solemnemente catéter transtraqueal. ¿Crees que me interesa que la muy imbécil trate de enaltecer su sorbete llamándolo con nombres complicados? 
Pescado justiciero, que catéter provenga del griego kathetér y que ahora constituya un préstamo del alemán nos resulta irrelevante. Jesús-cristo te multiplicó para saciar el hambre de los israelíes, una suerte de autómatas religiosos con abundante ropa (requisito para rasgársela cada vez que se cuestiona su fundamentalismo o se encuentra a algún ambulante en la iglesia).

¡Bendito, viscoso y húmedo seas! Descarga tu furia contra el hombre que revienta tus hueveras y se come a tus hijos. Rómpele la garganta y acuérdate de Yoli Núñez, la tía de Luisito, que agoniza en el noveno piso del Hospital Rebagliati, deseando haberse comido un armadillo o a cualquier shipibo de por allí.

sábado 31 de octubre de 2009

Estupidez


No quiero perder el tiempo.
Quiero asesinarlo, regalarlo, ultrajarlo, venderlo; todo menos perderlo. 

Tal vez sea la necesidad de materializar la estupidez en una frase sin ningún sentido lo que nos hace grandes. Si no se pudiera condensar los temores generales en una suerte de amenaza indirecta, subliminal y apocalíptica, sería muy probable que el excesivo cuestionamiento nos acabara destruyendo o simplemente nihilizando. Puede que a nivel individual esto no sea dañino sino provechoso, pero al transportarlo al plano general se transforma en un desvío caótico (o católico, es lo mismo) en donde el individualismo, al colectivizarse, muta.

En cierta medida, la estupidez nos hace únicos. Al reemplazar "colectividad" con estupidez, estoy siendo estúpida y prejuiciosa. No importa: aspiro a la humanidad, porque la deidificación está sobrevalorada y la naturaleza animal, demasiado gastada.

viernes 30 de octubre de 2009

Mensaje subliminal en "La Metamorfosis"


Desnaturalizar procede del prefijo latino de-, el cual hace referencia a cierto tipo de privación, y natura, palabra derivada del verbo nascere, nacer. El análisis de dicho término permite entrever que la relación entre la naturaleza y el nacimiento está influida, si es que no determinada, por la existencia.

“El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere y como se concibe después de la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo” (Sartre, 1946), lo que se podría resumir en que se es lo que se cree ser, como se quiere ser y como se es. A su vez, Sartre afirma que todo ello está marcado por el subjetivismo, en el cual recae el sentido profundo del existencialismo. De esta manera, la figura de Gregor Samsa puede (y permite) ser situada en una realidad en donde confluyen diversos elementos que atentan contra su autonomía y libertad. En un sentido general, es la sociedad quien lo esclaviza y convierte en un objeto cuyo único fin es contribuir al engrandecimiento del sistema y perpetuar la tiranía con la que este se conduce, bajo la máscara del deber que (siente que) tiene con su familia. El mundo es para él un lugar inhóspito, alienante, que se vale de su necesidad, lo somete y una vez que deja de ser útil lo desecha. Estas cadenas, las cuales se presentan bajo el nombre de responsabilidad, constituyen una prisión cuyas paredes están hechas con el propósito de liberarlo. La interpretación más aceptada y difundida de la obra es que la naturaleza humana le fue despojada; no obstante, hay elementos que indican lo contrario.

En primer lugar, Samsa nunca reprochó a su familia la falta de consideración que tuvieron con él ni les guardó rencor por ello. Su abnegación y el cariño que les profesaba permanecieron intactos hasta su muerte. En segundo lugar, sintió indignación al ver cómo los huéspedes despreciaron la música que su hermana Grete les ofreció mediante la ejecución de su violín. “¿Sería una fiera, que la música le emocionaba de ese modo?” (Kafka, 2007:100). Al oír aquella melodía se sintió sobrecogido y embriagado. Comprendió que nadie podía sentirla y apreciarla tanto como él. Aún si se piensa que solo las bestias sucumben ante lo que se considera como un elemento mágico (recuérdese a Orfeo, quien convenció a Cerbero, mediante la música de su lira, de penetrar en el Hades), el caso de Gregor Samsa es distinto: no está limitado a una mera valoración acústica, sino que se relaciona íntimamente con la figura de su hermana, es decir, es capaz de ir más allá de un plano literal y otorgarle un significado propio. Por último, el protagonista tiene una clara noción del deber, la cual representa, en cierta medida, lo que él cree que constituye el sentido de su vida. No solo asume un rol activo en la economía familiar, sino que también se preocupa por llevar bienestar a sus padres y hermana (tal como se manifiesta en su deseo de enviar a Grete al conservatorio).

Podemos, en líneas generales, afirmar que Samsa se convierte en un bicho pero sigue siendo humano. Kafka se ve reflejado en él: es percibido como un monstruo, algo ajeno a lo considerado normal, rechazado por quienes más quiere. El autoritarismo desmedido del padre genera en él una inseguridad que se traduce en la búsqueda desesperada de afecto y atención: quiere, inconscientemente, demostrarle que él es una persona que puede cargar con las responsabilidades de todos. Es el mismo caso del hombre que se enfrenta a la sociedad porque en verdad lo que más desea es formar parte de ella, dejar atrás una soledad gris y vacía, monótona, que lo convierte en un ser inanimado y prácticamente inexistente. Los temores de Gregor Samsa, de Kafka, del hombre, se ven realizados en la muerte. Allí se reafirma una naturaleza humana existente, probablemente, pero carente de vida y singularidad. No se le presta atención a su vida, tampoco es de mucha importancia su muerte.

¿Fue Gregor Samsa despojado de su condición humana, desnaturalizado? A simple vista sí. Era un hombre más de los muchos que habitan en el mundo. No obstante, al conocer sus verdaderos sentimientos se puede demostrar que, más que un antihéroe, fue un héroe frustrado por la arbitrariedad de una sociedad que asfixia y anula el carácter y la individualidad del ser: lo vuelve rutinario, lo somete. Si se hubiera desnaturalizado es probable que forzara sus sentimientos y se convenciera a sí mismo de que todo su esfuerzo no debía seguir siendo desperdiciado con su familia. Aún así podría haber seguido trabajando, pero no sería el mismo. La naturaleza humana, más que relacionarse de manera directa con la conducta, pertenece a los sentimientos, los cuales dirigen las acciones que el hombre decide o no llevar a cabo.


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SARTRE, JEAN PAUL. El existencialismo es un humanismo [Conferencia transcrita] París: Club Maintenant, 29 octubre 1945.
Kafka, Franz (2007). La Metamorfosis. Lima: San Marcos Editorial.
Miller, Henry (1984). Trópico de Cáncer. Colombia: Editorial Oveja Negra
Chacana, Roberto (2008). Emancipación de la familia de origen: lealtad, traición y sacrificio filial en Franz Kafka y Julio Cortázar. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.
Lozano, Rosario (2009). La Metamorfosis de Kafka. ¿Metamorfosis o Transformación? Madrid: El Cid Editor.