A petición del gran Junior, con quien intenté realizar una suerte de apuesta que envolvía a la Ardilla y su fascinación por ver que la gente haga cosas irreverentes, trataré de demostrar "La Loba" de Shakira envuelve, subliminal e indirectamente, un mensaje acerca de la liberación femenina.
No me considero feminista ni fanática de nada que incluya marchas apoteósicas, martirio y lágrimas, pero me pareció curioso que dentro de ese aborto de cabello rubio teñido quedara al menos un vestigio que pudiera hacer pensar que aún no se ha alienado por completo. Inicialmente, Shakira abordaba el tema del amor desde una perspectiva dual: naturalismo-romanticismo, decepción-ilusión, sentimiento-razón, etc. Sus canciones reflejaban la verdadera naturaleza del amor: la incertidumbre. Luego se vendió al mercado estadounidense y el resto es historia conocida.
¿Quién no ha querido a una diosa licántropa /
en el ardor de una noche romántica? /
Mis aullidos son el llamado /
Yo quiero un lobo domesticado /
Veamos. Una diosa se relaciona más con la sexualidad que con las características propias de la deidad. Ser diosa, en la concepción actual, no está personificada en Hera sino en Afrodita. Esto nos lleva a que, dejando el plano sexual en un segundo lugar, la diosa en cuestión tenga a su vez una naturaleza distinta a la del ser humano: es inmortal, insaciable e independiente. Licántropa refuerza esta interpretación puesto que un licántropo lleva en sí tanto la naturaleza animal como la humana. Una vez llegada a la transformación, el hombre se convierte en lobo y (según lo aceptado) pierde todo dominio de sus actos y parte de su conciencia: el instinto pasa a dirigirlo. Esta diosa licántropa sería entonces propietaria de el estado racional por excelencia (divino), el sentimental (hombre) y el instintivo (animal). Se hace una breve mención al coito, tras lo cual se menciona el deseo de poseer a un lobo domesticado. El lobo es un animal salvaje que, sin embargo, busca ser domesticado o domado por la mujer en cuestión. Domesticar está relacionado etimológicamente con dominar (latín domus). El propósito es claro: la mujer busca someter no a un hombre cualquiera, sino a uno que haya hecho alarde de su salvajismo, su masculinidad: el lobo.
Por fin he encontrado un remedio infalible /
que borre de todo la culpa /
No pienso quedarme a tu lado /
Mirando la tele y oyendo disculpas /
La vida me ha dado un hambre voraz /
Y tú solo me das caramelos /
Me voy con mis piernas y mi juventud /
Por ahí aunque te maten los celos /
La culpa y el castigo han sido mecanismos de sometimiento y sumisión de la mujer durante siglos. El deber, la moral, la tradición, lo aceptado: todo busca negarle el derecho a disfrutar de una sexualidad libre y sin ataduras. Es posible deducir que el remedio encontrado reside en una suerte de libertad impulsada por el placer y el descubrimiento de sensaciones que antes yacían escondidas y reprimidas. La mujer hace también un reproche al hombre que no puede ni quiere satisfacer sus deseos naturales ("mirando la tele y oyendo disculpas"), un hombre que la ignora y busca darle distracciones de niña ("caramelos"), para así doblegarla, reafirmar su inseguridad y tomar posesión completa de su ser. Al decidir dejar atrás todo tipo de prejuicios, decide irse "con sus piernas y su juventud". Las piernas están ligadas al erotismo y la sexualidad, mientras que la juventud establece una suerte de legitimidad de goce de todo tipo de placer antes mencionado. No tiene rumbo fijo ("por ahí") y sabe que el hombre aún cree tener grabado en ella una huella de pertenencia puesto que no querrá dejarla marchar ("aunque te maten los celos").
Una loba en el armario /
Tiene ganas de salir /
Deja que se coma al barrio /
Antes de irte a dormir /
La expresión "salir del armario" (proveniente del inglés to get out of the closet, salir del clóset) indica un tipo de afirmación y aceptación pública de algo que se mantenía oculto, en su mayoría relacionado con la homosexualidad. Un armario es un espacio asfixiante, incómodo, oscuro, en donde, metafóricamente, permanece una persona debido al temor del rechazo y la vergüenza. Para la mujer, salir del armario implica dejar atrás todos los prejuicios que la sociedad busca mantener vigentes como instrumentos de control. La sexualidad juega aquí un papel importante, pues es lo primero que busca reprimirse en ella, para luego tratar de neutralizar su carácter y posteriormente todo su ser. Comerse al barrio puede ser interpretado como una frase sugerente ("comer", tener relaciones sexuales) en donde la mujer le comunica al hombre su deseo de liberarse por completo de las ataduras que lo unen a él.
Tengo tacones de aguja magnética /
Para dejar a la manada frenética /
La luna llena como una fruta /
No da consejos ni los escucha /
Los tacones de aguja hacen alusión a la belleza femenina y a la afirmación de su sexualidad, mientras que el magnetismo representa la sensación que causa en los hombres ("manada", lobos, machos típicos) mediante una atracción meramente carnal. Un elemento curioso es la metáfora de la "luna llena como una fruta". La simbología de la fruta tiene mucho que ver con la reproducción y lo fructífero (latín "fructus"). En la tradición del oriente no es raro encontrar manifestaciones del erotismo íntimamente relacionadas con las frutas, tal como en "Las Mil y Una Noches". Las frutas redondas ("luna llena como una fruta") poseen una connotación profundamente sexual, enfatizando la voluptuosidad de la carne y su naturaleza efímera, pronta a corromperse. La luna, al ser comparada con la fruta, es un elemento que "no da consejos ni los escucha": es decir, no juzga ni permite ser juzgada. No hay nada prohibido en ella.
Llevo conmigo un radar especial para localizar solteros /
Si acaso me meto en aprietos /
También llevo el número de los bomberos /
Ni tipos muy lindos ni divos ni niños ricos /
Yo sé lo que quiero /
Pasarla muy bien /
y portarme mal en los brazos de algún caballero /
Cuando la mujer busca "localizar solteros" mediante un "radar especial" está insinuando que solo quiere pasar una noche de diversión. El prototipo de soltero (y lo más identificado con él) es un hombre joven, guapo y galante que no presenta ninguna complicación ni atadura: está solo. El temor a "meterse en aprietos" puede estar relacionado con la presencia de otra mujer celosa que reclame al supuesto "soltero", o a los peligros que puede tener ella (la loba) a solas con él. No obstante, queda aquí demostrado que posee las tres naturalezas: lo ha calculado todo (llamar a los bomberos, quienes literalmente "apagan el fuego" en caso de algún contratiempo), tiene deseos "de salir" y "sabe lo que quiere" (humana) y se deja llevar por sus instintos (quiere "comerse al barrio". El verbo comer representa una falta de saciedad, de mesura). El "pasarla muy bien y portarse mal" indica una contradicción, la cual ha sido establecida por la "inmoralidad" que, supuestamente, representa el goce de la mujer.
Cuando son casi la una /
La loba en celo saluda a la luna /
Duda si andar por la calle /
o entrar a un bar a probar fortuna /
Ya está sentada en su mesa /
Y pone mira en su próxima presa /
Pobre del desprevenido /
Que no se espera una de ésas /
La una de la madrugada pertenece a la oscuridad, al exceso y a la soledad. La loba "en celo" saluda a la luna; es decir, rinde pleitesía al culto lunar, el cual desde la antigüedad ha sido identificado con el poder femenino, la Madre, etc. Esta Luna es aquella que le otorga la transformación a la mujer, la convierte en licántropa y hace que afloren sus instintos animales. Es una cazadora, quien busca deshacerse de las cadenas con las que la sociedad la esclavizó durante tanto tiempo.